El pensamiento hidráulico del ilustrado Juan Benet

7 noviembre, 2012

por Miguel Aguiló

En un reciente coloquio titulado Hidráulicos Ilustrados: el Pensamiento de los ingenieros sobre el agua y celebrado en la Residencia de Estudiantes de Madrid, elegí hablar de Juan Benet. Quizás más conocido como escritor y pensador que como Ingeniero de Caminos, Benet se inició en esas actividades en su estancia en los valles de León. Allí empezó como constructor de obras hidráulicas, entre otras la presa de Porma. Desde el primer día simultaneó su trabajo en la obra con la reflexión escrita y lo contaba con cierta distancia:

Durante aquellas largas tardes y noches del Porma me permitía hacer todo lo contrario de lo que tenía que hacer durante el día… De no haber estado haciendo una obra hidráulica quizás me hubiera dedicado a especulaciones hidráulicas algo más serias… Me inventé un paraje imaginario al que llamé Región… Y me entretenía concibiendo insensateces en materia de hidráulica ya que durante el día bastante tenía con el hormigón del Porma. De asuntos sensatos hidráulicos ya estaba bien provisto.

Pensamiento y acción coinciden en el objeto y difieren en la aproximación. Formulando su pensamiento como fantasía frente al pragmatismo de la acción, Benet consigue aventurar una verdadera Política Hidráulica sin despertar suspicacias en su cliente, el entonces Ministerio de Obras Públicas. Un pensamiento más preocupado por la regulación que por el aprovechamiento: La política hidráulica tendrá como meta la corrección de los desequilibrios hídricos… para conseguir el crecimiento armónico y coherente de todas las regiones que constituyen el país.

Propone un gran canal para conectar seis embalses de la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, del Ebro al Órbigo, con Almería pasando por Talavera. Quizás la propuesta sea viable, con embalses a similar cota, túneles factibles, recogida de las aguas usadas de Madrid y del Alberche en Talavera … pero la sitúa en otro plano: Ahí está nuestra fantasía; si no permitimos que se dispare… nunca podremos presumir de haber alcanzado una elevada técnica (Prosas Civiles: 43).

Donde mejor se manifiesta su pasión por el agua es en su aproximación escrita y corporal a los ríos. Son trasunto permanente de la acción bélica en Herrumbrosas Lanzas (1983), al constituir los principales corredores de movilidad en aquel territorio imaginado. Su prosa convive con los ríos españoles, que caracteriza con precisión: El Jalón es el río más agresivo. El Júcar es un ángel devastador. El Guadiana es de vida disipada (Breve noticia de los ríos españoles-1986:90).

También mantuvo una permanente proximidad de su cuerpo con el agua, que necesitaba experimentar físicamente en cada concreta manera de mostrarse. Tenía que bañarse en todos los ríos, aspirar el azufre de los géiseres, caminar con crampones sobre los glaciares, navegar en los lagos y, al final de su vida, volar sobre los desiertos para vigilar su carencia.

Pero al postular hacerlo en todos los ríos, la acción de bañarse adquiere una nueva dimensión, porque siempre es pertinente, porque es independiente de cualquier otra circunstancia. Como buen ilustrado, su pensamiento estaba cerca de la acción y como escritor la sabía más persistente que la solidez del mundo de las cosas. Como decía Hannah Arendt, El proceso iniciado por una acción nunca se consuma; su significado… permanece abierto a la mirada posterior (La condición humana:253). Benet sabía que esa acción obligaría a decidir su significación a quienes más tarde oyeran contarlo.

Pensamiento y acción sobre el agua, en el agua o sin el agua, pero siempre con el agua.

Artículo publicado en la Revista de Hispania Nostra

juan benet

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